Algunas horas en la vida de dos seres de inframundo. Ese inframundo envilecido donde prestan sus oscuros servicios es el último resquicio del aparato del estado, la perrera municipal, allí donde vienen a morir las ilusiones parias de los que no cometieron otro crimen que tener la intemperie como abrigo. En ese gueto módico la orden de matar es el pan rancio de cada día, y hay que cumplirla. Veremos a Manubrio y Garrocha habitar la telaraña del crimen burocrático, y enredarse en ella mortalmente.

